Coyarrí
- Última Plana
- 27 nov 2020
- 1 Min. de lectura
Por Belinda Palacios

Esa parte nuestra que a veces quisiera cogerlos del cuello y apretar hasta ahogarlos, hasta que se arrastren por el suelo rogando misericordia, lamiendo el barro de nuestros zapatos lo siento te amo te juro que no lo volveré a hacer. Que experimenten el mismo dolor que nos hicieron sentir cuando los sabíamos mezclándose con todas, esparciendo su simiente por todos los balnearios, por los antros del Sur Chico, en Lima Norte, en parrilladas y polladas y no me esperes despierta amor, regando ese cochino esperma con el que les gustaba rebajarnos, humillarnos astillarnos contra los resortes de la cama, no así no, así duele, pero ellos nunca escucharon, nunca nos escucharon. Y ahora siguen haciéndonos daño, cada vez más profundo cada vez más fuerte cada vez más rotas en pedazos chirriando contra nosotras mismas regadas bajo tierra, y urdiendo algún día la fuerza suficiente para erguirnos del suelo y cogerlos del cuello con las manos frías heladas y negras, y apretar hasta ahogarlos, hasta que se arrastren por el suelo lamiendo el barro de nuestros zapatos lo siento te amo te juro que no lo volveré a hacer, y no creerles esta vez y verlos revolcarse por el suelo rogando misericordia, y seguir apretando y cerrando y luchando, y vernos libres al fin aunque no podamos volver.
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